Nace
en el rancho de Patillos, perteneciente a la Hacienda de Bañón, Fresnillo,
Zacatecas, en el día del señor San Francisco, fue el tercer Francisco
de la familia, su abuelo y su padre de nombre Francisco Bollaín y Goitia,
de origen vasco, que fue administrador de haciendas, su madre Andrea
Altamira, mujer de extraordinaria belleza, muere al nacer Francisco,
por lo que no tuvo un sólo recuerdo de ella, de la que guardó una viva
imagen fue la mujer que lo amamantó, al igual que de la que se encargó
de su crianza. Eduarda Velázquez, mujer que siempre estaría en su imaginación.
Su
niñez transcurrió de manera tranquila, como el mismo lo decía, pues
estubo rodeado de verdes paisajes, manantiales, flores y animales. El
estrecho contacto con la naturaleza lo llevó siempre en su memoria y
fueron esas vivencias determinantes en su trabajo como pintor.
Cuando
tuvo edad para aprender las primeras letras, fue llevado al rancho Charco
Grande de la misma hacienda. Cursó la instrucción primaria en Fresnillo,
cuando finaliza sus estudios primarios, su padre (al que hasta entonces
conoció) le comunicó que lo llevaría con él a la hacienda de Ábrego
en la que realizó trabajos de escritorio ( no muy de su agrado) y leyó
todos los libros que encontró a su alcance: las reseñas de la guerra
franco - prusiana, lectura que en un momento le hizo inclinarse por
la carrera militar, Los tres mosqueteros, Los miserables, El Quijote,
o las narraciones de Julio Verne entre otros, sin embargo, esta vida
apacible y tranquila no podía durar mucho tiempo, pues para su padre
estaba interesado en que siguiera sus estudios y un amigo se su padre;
el doctor Federico Carranza, vio en él cualidades ajenas a la milicia,
más bien intelectuales, por lo que aconsejó al padre de Goitia para
que lo enviara a la ciudad de México a estudiar y no al Colegio Militar,
como eran los deseos de Goitia, decidiéndose éste último finalmente
por las artes plásticas.
Cuando
llega a la capital del país, ingresa a la Academia de San Carlos, ahí
tuvo como maestros a José María Velasco, Julio Ruelas, Germán Gedovius
y Saturnino Herrán, permaneció en la Academia Fabrés en 1903 uniéndose
al grupo de reaccionarios del maestro español y de la Academia.
Fue
gran amigo de Tamayo, pero también tuvo relación con los pintores grandes
de la su época, conformando con ellos el gran movimiento del arte contemporáneo
mexicano.
Poco
tiempo después con ayuda económica de sus padre viaja a España y se
va a Barcelona en 1904, ahí asiste no sólo a talleres, sino que además
recorre los museos barceloneses, fue su maestro Francisco de A. Galí,
de este periodo son algunos dibujos al carbón de varios edificios de
esa ciudad española, como el "Patio de la Universidad de Barcelona"
o el tríptico con edificios barceloneses.
Estando
en España, recibe una beca del ministerio Sierra para estudiar en Italia,
en donde estudió la buena pintura renacentista y permaneció en Roma
interesado en la arquitectura clásica, especialemente en el Foro Romano
y otros monumentos, de este periodo son los temas arquitectónicos que
pintó. Expone con mucho èxito en Italia y recibe una medalla por sus
obras. Sólo permanece cuatro años, pues tiene que regresar a México,
ya que con la caída de Díaz pierde su beca.
De
vuelta en México, vive un tiempo en Zacatecas, de cuya estancia son
los cuadros de paisajes zacatecanos, como: Paisaje de Santa Mónica,
La Huerta del Convento de Guadalupe, Zacatecas, etc., posteriormente
trabaja de 1918 a 1925, con el antropólogo Manuel Gamio como dibujante
de objetos y sitios arqueológicos, esta relación y el profundo amor
a sus raíces le influenciaron fuertemente, pinta indígenas, logrando
realizaciones magistrales, de gran vitalidad y realismo, como su obra
más trascendente, una de las obras maestras del siglo XX: Tata Jesucristo,
con lo que obtiene el Primer Premio en la Bienal Interamericana de Pintura
y Grabado, y que lo sitúa en la historia como un gran artista.
Fue
profesor de Arte durante siete años en la Secretaría de Educación Pública.
Goitia
militó en las huestes villistas, reflejo de esos tiempos son sus pinturas
de los ahorcados, paisajes desgarradores que reflejan muerte y desolación.
Goitia
se va a vivir en 1920 como un anacoreta a una choza de Xochimilco hecha
con sus propias manos, ahí su contacto con los indígenas y la sencillez
de sus costumbres le hicieron llevar una vida entregada a su quehacer,
fue hombre fuera de las superficialidades de la vida cultural e intelectual
de la ciudad de México, a la que se rehusaba a pertenecer.
En
la película Goitia, un dios para sí mismo de Diego López se mitifica
en extremo al artista, presentándolo como un hombre atormentado, profundamente
religioso, llegando al fanatismo, antisocial, al que no le gustan las
mujeres, etc. Contrario a esto Goitia era un hombre profundamente humano,
extremadamente sensible, que amaba a su pueblo, prueba de ello es su
extraordinaria obra, que da cuenta de la miseria y desolación humana,
representadas con una sensibilidad inusual.
Goitia
está situado entre los grandes precursores del movimiento del Arte Contempráneo
Mexicano, al lado de David Alfaro, José Clemente Orozco, Diego Rivera,
Rufino Tamayo y Carlos Mérida., entre otros.
Durante
veinte años vive aislado del mundo dibujando y pintando, muere, dejándonos
un autoretrato inconcluso que se había empezado en 1943.