La corteza terrestre es como un enorme rompecabezas y cada una de sus piezas es una placa tectónica. Estas placas se mueven en diferentes direcciones: algunas se rozan o se enciman y otras se separan. Estos movimientos y los procesos que originan se conocen como tectónica de placas.
Las fuerzas generadas por el movimiento continuo de las placas actúan sobre las rocas y las rompen, comprimen o fracturan. Se producen entonces los pliegues y las fallas que dan origen a la fisonomía de la Tierra.
Cuando dos placas tectónicas están en contacto, se almacena energía debido a la fricción. Al romperse el contacto se produce un sismo y la energía acumulada se libera en forma de calor, deformación de la roca y en energía sísmica que se propaga por el interior de la tierra. Esta energía se transmite a gran velocidad y en todas direcciones a través de las rocas cercanas. Como cualquier otro tipo de energía, ésta se propaga en forma de ondas, en este caso, se llaman ondas sísmicas.
Esta liberación brusca de energía sísmica es lo que sentimos cuando ocurre un temblor.
El término sísmico viene del griego y significa agitado. Sismo y temblor son sinónimos, pero a los sismos de mayor magnitud (de 7 grados o más) comúnmente se les llama terremotos.
El punto preciso donde la energía se libera, es el foco del temblor o hipocentro. El punto en la superficie de la tierra justo arriba del foco es el epicentro. Cuando este punto se localiza en el océano, el terremoto origina un maremoto o tsunami: una serie de olas gigantes que se desplazan miles de kilómetros por varias horas.
El roce de las placas es lo que produce la gran mayoría de los sismos en el mundo. Los sismos más grandes ocurren en las zonas de subducción, donde una placa oceánica choca con una placa continental y la primera se mete debajo de la segunda . En México la zona de subducción comprende la costa del Pacífico desde Puerto Vallarta, Jalisco hasta Tapachula, Chiapas.
También pueden ocurrir grandes temblores como consecuencia del choque de dos placas continentales, como en el caso de las placas de la India y Eurasia, cuyo choque ha dado lugar no sólo a enormes sismos, sino también a la cordillera del Himalaya.
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