El peor sismo del que los mexicanos tengamos memoria sacudió a la Ciudad de México a las 07:19 hrs. del 19 de septiembre de 1985. Tuvo una intensidad de 8.1 grados en la escala Richter, una fuerza similar a la de mil bombas atómicas como la arrojada en Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial. La gente apenas empezaba a reaccionar cuando una réplica de 7.5 grados agrandó el miedo a las 19:38 hrs. del día siguiente.
Estos dos sismos fueron suficientes para provocar una tragedia jamás vista en la Ciudad de México. Los cuerpos de emergencia nacionales y extranjeros no fueron suficientes para atender el gran número de llamadas de auxilio por derrumbes, incendios, cortos circuitos y fugas. En un instante miles de mexicanos perdieron seres queridos, casa y trabajo.
El terremoto con epicentro en las costas de Michoacán afectó los estados de Chiapas, Guerrero, Jalisco, México, Michoacán, Oaxaca, Puebla, y Veracruz, pero los mayores daños ocurrieron en el Distrito Federal. Las colonias más perjudicadas fueron la Roma, Doctores, Morelos, Guerrero, y Tepito: más de 1,000 edificios se desplomaron o quedaron severamente dañados. Y cómo olvidar el Hospital Juárez, el Edificio Nuevo León en Tlatelolco, el Hospital General y el Multifamiliar Juárez; tan sólo en estos lugares murieron 1,400 personas.
Las escenas de terror mezcladas con lágrimas y lamentos quedaron reducidas a la frialdad de las cifras. Las pérdidas materiales se calcularon en más de 4 mil millones de dólares. Datos oficiales indican un total de 4500 muertos y 10 mil heridos, pero extraoficialmente se estima que hubo más de 10 mil muertos y más de 30 mil heridos. Desafortunadamente, nunca sabremos con certeza cuántos ni quiénes fueron los afectados.
Aún hoy en día la ciudad no termina de reconstruirse. La próxima vez que camines por el centro de la ciudad fíjate en los edificios, seguro encontrarás los daños que quedaron como testimonio de esta herida que permanece abierta.
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